El señor Lee Kyung Hae
La jornada, 23 de septiembre de 2003
Antes de partir rumbo a su cita con la muerte en Cancún, Lee Kyung Hae visitó la tumba de su esposa y cortó el césped. El 9 de septiembre cargó, junto con sus compañeros coreanos, el ataúd de la OMC por las calles de la ciudad del nido de las serpientes, mientras repartía su testamento político. Un día después, en Chusok -fecha para celebrar a los difuntos-, trepó la valla que separaba a la multitud de la reunión palaciega, arengó a los presentes y se clavó su pequeña navaja suiza en el pecho.